Herramienta cuántica

 Con las constelaciones familiares, como herramienta, o forma de intervención, nos encontramos ante un mundo cuántico. Las constelaciones familiares operan al nivel cuántico de la energía, en el que las partículas (que componen nuestro ser y todo lo que nos rodea, todo es energía) se comportan de maneras que desafían nuestro sentido de la lógica, mostrando una realidad que rompe nuestros esquemas del tiempo y del espacio.

Más allá del espacio.

Así observan los físicos cuánticos que dos partículas de energía pueden encontrarse íntimamente conectadas, de modo que cualquier modificación que se haga sobre una afectará a la otra (lo que llaman entrelazamiento cuántico) aun cuando haya miles de kilómetros de distancia entre ambas. De manera similar, observamos mediante las constelaciones que lo que cualquiera de nosotros hagamos (incluso digamos o sintamos) afecta a nuestros familiares u otras personas con las que tenemos algún tipo de relación, más allá de la distancia (incluso a personas que se encuentran en nuestro mismo nivel de resonancia –aquellas personas que vibran con nosotros, aunque no las conozcamos).

Más allá del tiempo.

En el 2012 un grupo de científicos del Instituto de Óptica Cuántica de la Universidad de Viena descubrió que este entrelazamiento cuántico entre partículas no solo podía desafiar la distancia, sino también el tiempo, cuando lograron modificar partículas de luz en un evento del pasado, desde el presente. Nos encontramos ante un fenómeno que se muestra en las constelaciones familiares, en las que experimentamos que estamos conectados a nuestros ancestros, aunque ya hayan muerto, e incluso aunque no les hayamos conocido en vida o conscientemente no podamos identificarles. Cuando tomamos la decisión de liberar a ancestros a los que inconscientemente hemos prometido seguir en el fracaso o la muerte, por amor ciego, ocupando su lugar que no nos corresponde, podemos ver cómo estos se sienten liberados y agradecidos, pudiendo por fin descansar, apoyándonos en nuestro camino de vida. Así, al sanarnos en el presente, sanamos el pasado, que ahora se convierte en fuente de fuerza para nosotros, y sanamos a las nuevas generaciones que vendrán (pues ya no llevarán esa carga).

Los comentarios están cerrados.