¿Qué son las constelaciones?

Las Constelaciones Familiares, desarrolladas por el terapeuta y filósofo alemán Bert Hellinger, son un trabajo de grupo profundamente sanador (tambien puede ser individual). El término de “constelaciones” se deriva de una traducción de “Aufstellung” (“configuración” en alemán).

Las constelaciones familiares (o “configuraciones familiares” por tanto), mediante una intervención breve, permiten sacar a la luz y sanar las dinámicas invisibles que llevan a la enfermedad, al fracaso con respecto al trabajo, la pareja, el dinero…, al conflicto en las familias y organizaciones. Esta intervención pone en marcha un movimiento de sanación que actúa en todos los aspectos de nuestra vida, familia, negocio u otros grupos a los que pertenecemos, restituyendo el flujo del amor en el sistema familiar.

A través de las constelaciones opera una fuerza que nos lleva a más alegría, más vida, más amor. Esta fuerza busca la solución buena para todos, y nos muestra que sólo la solución que beneficia a todos y cuida de todos tiene éxito.

Los resultados pueden ser verdaderamente espectaculares, y pueden ser prácticamente inmediatos (así es amenudo con niños y animales). Si bien Hellinger observa que los cambios profundos llevan más tiempo, observamos en los últimos tiempos (desde hace unos años) que cada vez se materializan más rápido. Puedo decir, en mi experiencia personal, que he experimentado los resultados incluso en cuestión de horas (hacer un movimiento sistémico de reconciliación por la mañana, y ésta materializarse a la tarde, o de un día para otro, por ejemplo), si bien la rapidez con que se dan los resultados (o podemos observarlos) depende también de nuestro nivel de compromiso (estar dispuesto a cambiar, a asumir nuestra responsibilidad en lo que nos sucede, a ver y reconocer el dolor -nuestro y ajeno-, a aceptar lo que nos toca y a agradecer, renunciando a los “beneficios secundarios” de mantener el problema).

Los efectos de la constelación se dan no sólo en la persona que pide la constelación (con mayor o menor rapidez según, entre otras cosas, su nivel de compromiso, como ya hemos dicho antes), sino que también pueden observarse en personas y animales que no han estado presentes (padres, hermanos, hijos, y aquellos que resuenan con nosotros), que es una de las cosas que nos suelen resultar más llamativas (de hecho, cuando constelamos un hijo, sobrino, una mascota… estos no están presentes, es contraproducente que los niños estén presentes en la sesión, e innecesario que esté la mascota -cuando queremos constelar una relación conflictiva con otra persona, tampoco es necesario que esa persona esté presente).

morphic field

Ejemplo de campo mórfico. Según Rupert Sheldrake, un campo común de información (sapiente) une a los miembros de un banco de peces, haciendo que se comporten como un sólo cuerpo, con una sóla mente (una ‘mente extendida’, compartida por todos los miembros, ‘encarnada’ en cada uno de ellos).

Las constelaciones familiares revelan que el sistema familiar, y otros sistemas, grupos y organizaciones de los que formamos parte, constituyen un campo que conecta a todos sus miembros, más allá del tiempo y del espacio (el biólogo británico Rupert Sheldrake los denomina “campos mórficos”). A través de este campo de energía, este alma común, recibimos tanto los logros como las cargas de lo que nuestros ancestros dejaron sin hacer. Las dinámicas básicas que rigen estos campos, observadas una y otra vez por Bert Hellinger en su trabajo con las constelaciones (y que recoge en sus numerosas publicaciones) son lo que él denomina los “órdenes del amor”, órdenes que rigen las relaciones humanas y que, cuando son respetados, permiten que el amor pueda fluir en el sistema familiar, o alma común, afectando y sanando a su vez los demás sistemas a los que pertenecemos (empresas, colegio, instituciones, naciones…). Brigitte Champetier identifica ya cuatro órdenes del amor, siendo el primero, como paso necesario para el cambio:

Aceptar todo tal y como es, y a todos tal y como son: el Sí.

Los órdenes del amor nos muestran que:

  • todos los miembros del sistema tienen el mismo derecho a pertenecer, independientemente de lo que hayan hecho (necesitan de nosotros que reconozcamos ese derecho y lo restituyamos en nuestro corazón, desde el amor incondicional, más allá de juicios morales);
  • los nuevos miembros del sistema deben respeto a los más antiguos, y estos a su vez dan a los más jóvenes, una vez respetados (esto se aplica asimismo a la función, aquellos con la función más importante para la supervivencia del sistema, tal que en una empresa, por ejemplo, tienen precedencia). Cómo respeta el más joven? Reconociendo que llegó luego, que es más pequeño, agradeciendo la vida y soltando los reproches, aceptando que los que vinieron primero dan, y él toma (para dar a su vez a la sociedad, a sus hijos).
  • todos los eventos y hechos piden ser compensados, en una necesidad constante de equilibrio.

Cuando estos órdenes se encuentran alterados, a menudo por sucesos familiares traumáticos, los conozcamos o no, vivimos desgracias, accidentes, enfermedades, conflictos, fracasos… que buscan mostrarnos algo, hacernos reaccionar para que restablezcamos el orden, incluyendo y devolviendo su lugar a los excluidos, a los rechazados, desde el amor incondicional; soltando las decisiones inconscientes de cargar, por amor ciego, con los achaques de aquellos que nos preceden, sus fracasos, su dolor, aquello que dejaron sin compensar; o soltando promesas inconscientes, como puede ser la de permanecer en la soltería o en la pobreza, por ejemplo.

Los órdenes del amor funcionan como el cauce de un río, cuyo caudal es el amor, un amor que sana llevándonos hacia el éxito en todos los aspectos. Como el agua de un río, este caudal fluye desde la fuente, el origen de la vida, hacia abajo, a través de nuestros ancestros hasta nosotros; cuanto más por encima estamos del lugar que nos corresponde, menos nos toca; en la humildad, sin embargo, nos anega.

“Todos los ríos fluyen al mar,
porque el mar está más abajo.
La humildad le otorga su poder”

Lao Tzu, Tao Te Ching.

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