La buena ayuda

Hellinger identifica cinco órdenes de la ayuda, o de la buena ayuda (especialmente enfocado a profesionales de la ayuda):

  • El dar y tomar adecuado.
    • Unicamente dar de lo que se tiene.
    • Unicamente esperar, y tomar, lo que realmente se necesita.
    • Renunciar a dar o hacer lo que al otro le corresponde hacer o asumir (incluida la gestión del dolor durante una separación, o la asunción de responsabilidad después de un crimen -el buen ayudador renuncia a aliviar (a querer eliminar) esa pena (que es necesario vivir plenamente para recuperarse) o esa responsabilidad.
  • Respetar el destino de la persona a la que se pretende ayudar
    • Las constelaciones familiares se encuentran al servicio de la supervivencia y del desarrollo y crecimiento, y esto ocurre dentro de una serie de limites conformados por el sistema familiar de la persona (aquello que el sistema familiar necesita integrar, compensar o realizar a través de la persona), los ciclos de la historia, las leyes de la naturaleza, el paso del tiempo, el cambio constante, la muerte, las dinámicas del amor ciego, las leyes del psiquismo individual y la responsabilidad individual. “La ayuda que no respete estos limites va a ser infructuosa y frustrante. Tanto el ayudador como el ayudado van a ir perdiendo fuerzas. El ayudado va a tener cada vez menos capacidad de adaptación a sus circunstancias.” “La fuerza se opone a tapar, negar o dulcificar las circunstancias que tiene que afrontar la persona.” (Brigitte Champetier de Ribes)
  • Relación de igual a igual
    • Dar únicamente en la medida en que el otro puede devolver. Aquél que da más se coloca en un plano superior, con consecuencias negativas para ayudador y ayudado. Al dar, sentir: ¿lo hago para sentirme más inocente/más bueno? ¿Para sentirme más grande? ¿Le permito al ayudado re-equilibrar dando algo justo a cambio, o se lo impido, quedando así en un plano superior? Al ayudar, ¿está el ayudado en su fuerza, respeto su dignidad, o hago de él un niño?¿Me pide ayuda desde el adulto, o como un niño? ¿Estoy respetando a su madre, o pretendo serlo yo, o ser mejor que ella?
    • Dar desde nuestro estado niño, o pedir desde él, nos sumerge en dinámicas de manipulación. Ir de salvador/a es estar en el niño. Leer más sobre el dar y el tomar.
  • El cliente es miembro de un sistema
    • Respeto por el sistema de la persona a la que se desea ayudar, especialmente por sus padres biológicos, tanto por el padre como por la madre.
    • Ayudar con conocimiento de las dinámicas de la sistémica.
  • Estar al servicio de la reconciliación
    • No tomar partido, no juzgar. Cuando tomamos partido por una de las partes en conflicto, estamos excluyendo a la otra. De esta manera dividimos aun más, con consecuencias nefastas. La sanación sólo puede darse mediante la integración de los opuestos, mediante la reconciliación. La fusión de opuestos da lugar a un quantum de energía, a sanación y vida (energía). Para ello, el ayudador se mantiene en el centro, donde ambas partes en conflicto se encuentran ya reconciliadas. Así, acompaña a ambos en el dolor, honra a los muertos de ambos, se reconoce en ambos, agradece a ambos ser tal y como son, y los abraza a ambos en su corazón.
    • El ayudador verdaderamente centrado, no necesita hacer nada más. Por resonancia, centra a quienes le rodean, y en su proximidad, con su simple presencia, se pone ya en marcha un movimiento de sanación.

 

Sobre el dar y el tomar -compensación

Observa Bert Hellinger que cuando alguien nos hace daño, es necesario vengarse. ¿Cómo? Con amor: haciéndole al otro un poco menos de lo que él nos ha hecho a nosotros. El otro reconoce este amor en su alma, y devuelve a su vez, un poco menos también (o tal vez ya haya sido suficiente), y así se va restituyendo el amor de nuevo. El que no se venga, se queda por encima, haciendo imposible la relación (por ejemplo en la pareja).

Brigitte Champetier va más allá: el enfado, el desprecio, el excluir al que nos ha hecho daño, deseándole peor mal que el que nos ha hecho y más, que surge de inmediato cuando nos hacen daño, es ya esa manera de compensar, pues devuelve el daño a nivel energético. El desprecio hace daño, como puede comprobarse en las constelaciones. En el momento en que podemos reconocer este odio automático como un daño por nuestra parte, podemos sentir que quedamos igualados.

Por otro lado, observa Hellinger que lo que refuerza una relación (tal que en la pareja), es dar un poquito más de lo que nos da el otro, así el otro, para compensar, nos dará a su vez un poquito más, de modo que el amor entre ambos crece y crece.

El que da demasiado, amenaza la relación.

Las dinámicas que nos revelan las constelaciones familiares a menudo son de perogrullo, de puro “sentido común”; en el fondo, son de una enorme sencillez, las reconocemos porque ya se revelan en la experiencia, en la vida cotidiana, en nuestro ser y hacer.

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